Juntarnos en comunidad: Experimentando la cultura regenerativa en nuestras comunidades distribuidas y efímeras
Un ritual, una celebración: reunir a la comunidad
Es Beltane en Catalina, un primer día de mayo soleado, con una infinidad de plantas silvestres en flor, salpicando de color a los prados verdes. A medida que el sol se eleva sobre la colina, las personas de nuestra comunidad extendida comienza a llegar por los senderos que descienden a través del bosque. Nos rodean los sonidos de lxs niñxs que juegan en el Olivar, del canto de los pájaros y del zumbido de los insectos, y de los saludos de la gente que va llegando. Empieza Almenara Festival, nuestro festival anual de culturas regenerativas, un día que reúne a la comunidad y nos brinda un tiempo y un espacio para compartir nuestros proyectos, nuestros intereses y preocupaciones, así como nuestras pasiones y habilidades. Es un momento para celebrar con buena comida y música, y para apreciar cómo el paso del tiempo crea más resiliencia y apoyo en nuestro tejido social.

El punto de partida: encontrar la comunidad
En 2011, tras vivir en el campo en Andalucía durante un año, Andrew y su pareja se tropezaron con Gaia Spirit, un festival alternativo en la zona, y de repente se dieron cuenta de que la comunidad que buscaban ya existía a su alrededor. De allí surgieron muchas colaboraciones y amistades (incluidas las de los autores) haciéndose un momento decisivo en la mente de muchas, pues pone de relieve el valor de los eventos que unen a la comunidad. Más tarde, cuando Andrew buscaba un terreno para poner en marcha un santuario de permacultura, Joanna y él entablaron un diálogo sobre la viabilidad de co-crear un proyecto basado en la tierra, a pesar de que la mayoría de sus amigxs ya tenían una casa, algo de terreno y una enorme cantidad de amor y energía invertidos en sus propios proyectos y espacios. El concepto de nuestra «comunidad distribuida» nació de estas conversaciones. ¿Podemos vivir en comunidad sin tener que comprar un terreno juntxs y empezar de cero? ¿No sería más «permacultural» – sin contar con la reducción de la huella de carbono – imaginar formas de compartir nuestras infraestructuras y recursos existentes y, a su vez, ser más resilientes como una comunidad más extendida?
Construir una comunidad distribuida y crear una comunidad intencional
Mientras buscaba un terreno para comprar, Andrew decidió poner una yurta en el pequeño proyecto de permacultura de Joanna, Casa Gaia, y utilizarla como espacio inicial para eventos y actividades que apoyaran el desarrollo de esta comunidad distribuida ya existente. Se puso en marcha un círculo creativo un domingo al mes, se practicaba yoga varias veces a la semana, se formó una mesa redonda mensual sobre permacultura y eventos como sesiones de baile de 5 ritmos y un círculo de hombres. Todo esto se convirtió en hilos conductores de una comunidad local, permitiendo a la gente forjar conexiones entre sí y con la tierra. Esta visión de invertir en el crecimiento de una comunidad rica y diversa se convirtió en un aspecto importante de nuestro trabajo con la segunda ética de la permacultura: el cuidado de las personas.
Unos años más tarde, cuando Andrew y su pareja compraron un terreno, la yurta se trasladó allí, donde ha seguido siendo un punto importante, no sólo para nuestra creciente comunidad distribuida, sino también para otras formas de comunidad. Al adquirir Catalina, la propiedad adyacente, se necesitaron más personas para cuidar la tierra. Un grupo de amigxs, voluntarixs y colaboradores se reunieron para formar una comunidad basada en la tierra, experimentando con la sociocracía como herramienta de autogobierno horizontal. Este proceso de construcción de una comunidad intencional implica refinar constantemente nuestra estructura social, y nuestro funcionamiento diario es en sí mismo un bucle de retroalimentación de diseño de permacultura que necesita de supervisión, refinación y revisión periódicas para responder a nuevas necesidades e ideas.
Cuando la permacultura se entiende como un enfoque de diseño de sistemas, la relación entre dos elementos de un sistema puede verse como una «cuerda», y el total de «cuerdas» juntas forma una red resistente. Nuestra estructura comunitaria interna se basa en círculos formados por grupos de personas que comparten una actividad, interés, ritual o proyecto. Algunos de estos círculos incluyen a personas de nuestra comunidad más amplia y la resiliencia se construye a través de las relaciones que conectan a cada individuo con las demás personas del círculo. Así, nuestra comunidad intencional basada en la tierra y nuestra comunidad distribuida más amplia pueden visualizarse como un complejo diagrama Venn de círculos superpuestos, porque a menudo coincidimos con individuos en múltiples círculos. Cuando superponemos las relaciones entre las personas de estos grupos, la red de conectividad resultante es muy compleja y, por tanto, muy resiliente.

Comunidad efímera: pequeñas reuniones, grandes impactos
Al trabajar juntxs para generar confianza y sensibilidad mediante el compromiso y la transparencia, se crea un espacio seguro en el que todos podemos ser vulnerables y compartir muchos aspectos menos visibles de nosotrxs mismxs. Esta transformación podría tacharse facilmente de la creación de una «burbuja» irreal que se contrapone al «mundo real». Para evitar esta sensación de artificio, trabajamos para abrirnos a un mundo más amplio, centrándonos en una auténtica inclusividad y en la creación de un santuario que pueda compartirse. El valor de lo que se puede experimentar al visitar Catalina se ha convertido en uno de nuestros mayores activos y nos ha llevado a reconocer el increíble impacto que tiene modelar comunidades regenerativas efímeras en este espacio.
En 2022, organizamos nuestro primer curso de Nuevas Narrativas Ecológicas a través del programa Erasmus + de educación no formal. Estos cursos son una forma de compartir las herramientas de la permacultura, la ecología profunda y los enfoques decoloniales con personas que trabajan con jóvenes. Dichos cursos acaban convertiendose en una experiencia de inmersión en un refugio temporal para activistas quemados profesionalmente. En el transcurso de una semana, los participantes experimentan el potencial que tenemos para conectar y formar una comunidad regenerativa, incluyendo el mundo más-que-humano, proporcionando una experiencia efímera que planta semillas permanentes en los corazones de lxs participantes. Cada persona que experimenta aquí una comunidad regenerativa se conecta profundamente a la red de la vida, sintiendo una conexión amorosa con la tierra y con nuestro propósito mayor, conectándose a lo que es efectivamente un paisaje de «retención de amor» en el corazón de nuestro diseño de retención de agua. El amor por la tierra y la experiencia cariñosa son contagiosos. Una conexión íntima con este lugar y con la experiencia de estar aquí hace que la gente desee volver. Y lo que es más importante, nos reconecta con la naturaleza y con la esperanza que necesitamos para poder imaginar un futuro regenerativo compartido.
Construir una comunidad diversa mediante la inclusión radical
Como permacultores, reconocemos la importancia de la biodiversidad para la resiliencia de un ecosistema; la diversidad humana es igualmente importante para la resiliencia de nuestras comunidades humanas. Con este fin, hace algunos años empezamos a ofrecer en las convergencias de permacultura espacios donde la comunidad «permaqueer»[1] pudiera reunirse y compartir. Se nos acercaron muchas personas que no veían la necesidad de un espacio separado para las personas LGBTQI+ ya que «todos estamos bien con eso, ¿no?». Pero la realidad es que la comunidad de permacultura es en gran medida un monocultivo de cisheteronormatividad, y – al igual que nuestra sociedad – dominada por hombres privilegiados, blancos, heterosexuales, cis. Y es la visión del mundo que surge de esta monocultura de poder imperante la que es la raíz de la actual crisis ecosocial.
Para fomentar la diversidad que queremos ver en nuestras comunidades, hay que crear espacios seguros para todxs lxs que sientan que los necesitan. Sólo si observamos nuestra propia falta de diversidad como comunidad, ya sea de género, raza, sexualidad, etc., empezaremos a ver nuestros propios puntos ciegos y hacia dónde tenemos que cambiar colectivamente. Quizá parte de la cuestión aquí sea cómo podemos valorar lo que a menudo es invisible y, con el tiempo, hacerlo visible. En un sistema capitalista que externaliza intencionadamente costes, impactos y daños colaterales, arrojar luz sobre lo invisible es una acción radical. Sabemos, por ejemplo, que gran parte de lo que da vida al suelo es invisible para nosotrxs, pero aún así apreciamos y comprendemos su importancia en la red de la vida. Pero ¿hasta qué punto somos conscientes de la violencia invisible y externalizada que sustenta nuestros sistemas de producción? ¿Cómo podemos encontrar formas inclusivas de honrar y abrazar los aspectos menos visibles y menos poderosos de nuestros sistemas sociales, incorporando su sabiduría?
Hace poco acogimos un encuentro de una semana de la comunidad de Hadas Radicales (Radical Faeries) llamada «Buscando santuario». El encuentro de esta comunidad concreta y su propia cultura regenerativa bien establecida con nuestro paisaje de «retención del amor» fue muy inspirador, y aportó un nuevo enfoque a nuestro cuidado de las personas y nuestro entender de las culturas regenerativas. ¿Nunca has oído hablar de Hadas? Como comunidad, ha ido creciendo a nivel global desde 1979 y se define como un movimiento contracultural que busca redefinir la conciencia queer a través de la espiritualidad secular. Las reuniones suelen celebrarse en espacios naturales seguros e inclusivos, y las Hadas modelan la ética permacultural del cuidado de las personas de una forma radical y hermosa. El equilibrio entre estructura social y flexibilidad se mantiene con arte. Cada día comienza con un círculo matutino en el que se hace una ronda lúdica de nombres en la que todas las personas son vistas y escuchadas. El plan del día surge de este círculo, todas las funciones y responsabilidades son voluntarias y pueden revisarse en cualquier momento. Al final de la sesión matinal, todo el mundo sabe lo que tiene que hacer durante el día y se eligen facilitadores para los siguientes círculos y actividades. La transparencia es primordial, al igual que la absoluta inclusividad y el respeto por las necesidades de todxs lxs participantes. Como comunidad regenerativa, crean un espacio en el que todxs pueden compartir sus dones, expresarse y sentirse segurxs y arropadxs.
Inclusión radical, atención radical a las personas
La palabra radical viene de «radix» o raíz: las semillas que plantamos juntxs proporcionan raíces de las que crece todo lo demás, lo visible y lo invisible. Pasar tiempo modelando una comunidad regenerativa, ya sea permanente y distribuida, o temporal y efímera, nos da una visión increíble de lo que somos capaces de lograr como grupo diverso de seres humanos, pero requiere aprender y compartir nuevas habilidades. También necesita tiempo, espacio y dedicación. Algunos ejemplos concretos extraídos de nuestra práctica incluyen:
- Utilizar herramientas de la ecología profunda, como el Consejo de Todos los Seres, para conectarnos con la red de la vida y consultar a nuestra comunidad más-que-humana sobre nuestra acción climática planificada;
- Explorar el pensamiento decolonial como grupo en un intento de cambiar nuestras percepciones, haciendo más visibles las violentas estructuras de poder existentes;[2]
- Crear eventos que reúnan a una gran variedad de personas y facilitar actividades sociales de todo el sistema, como la biblioteca humana que organizamos durante Almenara Festival para acceder a la sabiduría y el propósito de nuestra comunidad distribuida;
- Tratar activamente de mitigar las dinámicas de poder arraigadas, dejando espacio para que los grupos menos poderosos sean más visibles y tengan más poder.
Aún nos queda mucho por aprender, pero las herramientas aprendidas y las experiencias vividas nos proporcionan un propósito renovado, un sentido ampliado de comunidad y una idea contagiosa de lo posible, en un mundo en el que la alarma y el miedo ocupan cada día más espacio. En estos tiempos difíciles de crisis múltiples, el trabajo que hacemos lxs permacultores para desarrollar este aspecto de la triple ética de la permacultura con nuestras comunidades distribuidas y efímeras es fundamental para imaginar – y por tanto crear – un futuro regenerativo para todxs.
[1] https://www.permaqueer.com/
[2] El colectivo Gesturing Towards Decolonial Futures ha elaborado algunos materiales educativos que recomendamos encarecidamente https://decolonialfutures.net/